La duración del sueño depende en gran medida de la edad, cuanto menos años se tiene, más se duerme; los bebes necesitan dormir entre dieciséis y veinte horas por día, con el paso del tiempo va menguando el período dedicado a Morfeo, hasta llegar a la vejez, donde se duerme menos de noche, pero se hace siesta.

Dormir bien beneficia al corazón, ya que al disminuir la frecuencia cardíaca, los tejidos y las células coronarias se reparan, la piel luce más tersa y tonificada, descansa profundamente la vista y mejora la memoria, la atención y la creatividad.

También predispone al buen humor, refuerza la productividad, y para los que tienen tendencia a acumular grasas, las controla e incluso puede llegar a reducirlas.

Antes de acostarte debes evitar los estimulantes como el café y el alcohol, comer en exceso, el tabaco, y dejar las preocupaciones al menos hasta el próximo día; no temas, no desaparecerán.

No coloques en el dormitorio ni el televisor, ni el ordenador, resérvalo para lo que su nombre indica, y aunque parezca muy obvio, ve al baño, porque ese poquito de ganas que tenías antes de acostarte se transformara en un río caudaloso que no te permitirá conciliar el sueño.

Tomar un baño tibio, además de ser placentero en esta época, te relajará a la hora de dormir. Aunque sepas seguramente la posición que te induce el sueño, lo ideal es ponerse de costado, con una almohada que rellene el hueco entre el hombro y la cabeza, no más alta ni más baja, sino te levantarás contracturado; suponiendo que puedas llegar a dormirte.