Desde la antigüedad el vino forma parte de todas las celebraciones en todos los rincones del planeta. Razón por la cual se ha investigado cual es su relación con la salud; comprobando que es un poderoso antioxidante, y que los polifenoles que contiene disminuyen el riesgo cardíaco.

Un país como Francia presenta la paradoja de que a pesar de que su dieta es rica en grasas saturadas, tiene un sesenta por ciento menos de casos de enfermedades coronarias.

Esto se debe a los polifenoles del vino, que poseen más antioxidante que la vitamina C (20 veces), y la E (50 veces); por lo que han sido incorporados a productos cosméticos, que ayudan a retrasar el envejecimiento de la piel, la suavizan e incrementan su elasticidad.

Los polifenoles impiden la formación de radicales libres, mejoran el retorno venoso y activan la producción del colágeno y la elastina.

Los spa que utilizan la vinoterapia nacieron a fines del siglo pasado en Burdeos, extendiéndose a Paris, España, California y Taiwan. Muy pronto llegaron a América latina, donde el laboratorio Icono, en Argentina, ha creado una gama de productos antiedad en forma de geles, espumas y cremas de alta gama.

Esta línea de cosmética inició su andar en el 2004, cuando las revistas científicas hicieron públicos los beneficios del vino, lo que los sumergió en la búsqueda de tratamientos nuevos basados en su utilización.

La excelente calidad de los productos conseguidos, más el interés mostrado por hoteles como el Hilton, San Ceferino, Melin Kien, entre otros; contribuyeron al prestigio de la marca.