botoxLa toxina botulínica, más conocida como Botox, se ha convertido en uno de los tratamientos estéticos más de moda en los últimos años. Famosas y no tan famosas han recurrido al Botox para lucir espléndidas. Lo cierto es que los resultados son notables aunque, como todo, entraña una serie de riesgos.

El tratamiento es simple, consiste en infiltraciones subcutáneas de proteína botulínica. Se utiliza para suavizar e, incluso, hacer desaparecer las arrugas y líneas de expresión que aparecen en el rostro por el paso de los años. La proteína botulínica al ser inyectada en el músculo bloquea los impulsos nerviosos que provocan su contracción, el músculo se destensa y, en consecuencia, la piel se alisa.

Esta proteína ya se utilizaba anteriormente con fines terapéuticos para corregir problemas como los tics nerviosos, el estrabismo o el exceso de sudoración.

En cantidades elevadas puede producir intoxicaciones y causar el botulismo. Además, las inyecciones han de llevar la composición adecuada y el pinchazo debe producirse en el lugar exacto y en la profundidad adecuada. Por estos motivos, es fundamental que el tratamiento lo realice un especialista, un cirujano plástico. En manos de un buen profesional, es casi imposible que se produzcan complicaciones derivadas del tratamiento.

Al no ser una técnica quirúrgica no es necesario el ingreso hospitalario ni el uso de anestesia. La aplicación no es dolorosa y no son necesarios cuidados específicos. Es normal que, tras la aplicación, se note hinchazón y parálisis en el rostro pero esta sensación desaparecerá pasados dos días.

Su principal inconveniente es que sus efectos duran aproximadamente nuevo año ya que una vez diluido el efecto paralizante de la proteína, el músculo vuelve a funcionar y la arruga vuelve a aparecer. No obstante, se puede repetir porque el Botox, bien empleado, no es perjudicial para la salud.