bronceadoSe acerca el verano y las cálidas temperaturas que llevamos disfrutando todo el invierno y ahora en primavera invitan ya a ir adelantando el momento de ponerse frente al sol. A pesar de que las últimas tendencias y el blog de moda señalan que se lleva la tez de porcelana, en general seguimos queriendo lucir un ligero color tostado y para ello no dudamos en pasar horas y horas en la playa tomando el sol.

Esta actitud no está mal siempre y cuando tengamos en cuenta una serie de recomendaciones a la hora de buscar un buen bronceado. En primer lugar, es aconsejable ir exponiéndonos a los rayos solares poco a poco, de forma gradual. Así, los primeros días puede bastarnos con entre 30 minutos y una hora, no más. Podemos aprovechar el rato de mediodía para comer en el jardín o en la terraza –si tenemos la suerte de contar con un espacio como el que aparece en este blog de arquitectura– o bien salir al parque a merendar. Después, poco a poco, podemos ir aumentando el tiempo que pasamos tomando el sol o bien aprovechar cuando practicamos deporte o vamos de camino al trabajo para coger un poco de color.

Otro consejo es utilizar siempre crema protectora. Esto es vital, ya sea en invierno o en verano. Obviamente, en verano deberemos optar por una loción que tenga mayor nivel de protección, mientras que durante la primavera o en los meses de frío nos puede bastar, según el tipo de piel, con la crema de día que utilicemos (todas suelen llevar estar preparadas ya para ello).

Por último, una vez hayamos conseguido el tono deseado, nunca hay que dejar de utilizar cremas de protección solar. Esto es muy perjudicial para la piel porque estar morenos no significa que seamos inmunes a la fuerza de los rayos del sol. Lo que sí podemos hacer es cambiar el nivel de la loción que estemos utilizando, pero jamás dejar de utilizar alguna.

No hay que olvidar que la exposición solar en exceso y en un corto espacio de tiempo produce quemaduras y daños en la piel. Las células resultan dañadas y el sistema inmunológico actúa para protegerlas. ¿Las consecuencias? Manchas, envejecimiento prematuro de la piel, problemas de pigmentación y… sí, cáncer de piel. Recordar: más vale prevenir que lamentar y tener que curar.