cosmeticos-colorLa mayoría de nosotros pensamos que nada podemos hacer para modificar nuestro ADN y que, por tanto, hay cosas que debido a nuestra herencia biológica, consideramos que está fuera de nuestro alcance.

Algunos científicos especializados en biología celular han empezado a poner en tela de juicio la validez de esta afirmación. El doctor Bruce Lipton, en su libro “La biología de la creencia”, nos dice que la vida no está dominada por genes, sino por una energía invisible carente de propiedades físicas que es la que controla el cuerpo y sobre la que podemos influir.

Si nuestra agenda está tan repleta que no nos queda tiempo para dedicárselo a las cosas que pensamos que nos harán más felices, podemos hacer dos cosas; echarle la culpa al trabajo, la familia, los estudios, etc., y seguir como hasta ahora, o aceptar que nosotros hemos escogido ese estilo de vida y decidir tomar cartas en el asunto para combatirlo.

Debemos desactivar los pensamientos que nos perjudican en el trabajo, nuestras aptitudes o nuestros sueños para centrarnos en aquellos que nos animan. Basta con percatarnos cuando tenemos un pensamiento negativo, que no nos aporta ningún sentir bueno, lo dejemos de lado y en el momento, cambiarlo por un pensamiento positivo, que nos haga sentir bien, plena o simplemente con el que estemos relajados.
En un principio, es una práctica que cuesta llevarla a cabo, pues, estamos acostumbrados a pensar continuamente de manera negativa. Por ejemplo, cuando salimos a tomar el autobús o estamos conduciendo para ir al trabajo pensamos en no llegar tarde, en vez de pensar que llegaremos temprano.

El miedo es el rey de las excusas, tiene todas las caras; miedo a la soledad, al fracaso a la pobreza… Para los estudiosos de la esencia humana, como Waine W. Dyer, el miedo se supera con amor. Y la mejor herramienta de la que disponemos en este sentido es la compasión, ponernos en el lugar del otro, hacer algo en beneficio de los demás, sentir la emoción de dar, de ayudar.

Conseguir un nivel de vibración amoroso es posible siempre que nos mantengamos alerta sobre nuestros pensamientos, que estemos atentos a lo que nos rodea y estemos dispuestos a darle una mano a quien lo necesite. Pasar a la acción en beneficio del prójimo nos aparta de las arenas movedizas del miedo para dejarnos en la tierra firme del bienestar interior. Vale la pena intentarlo.