En la playa hay tres factores que pueden incidir directamente sobre los ojos. El sol, el viento y el agua salada, son los culpables de una cantidad de afecciones, que muy pocas veces son prevenidas.

El verdadero problema del sol son las radiaciones, los peligrosos rayos UVB y UVA han encontrado últimamente una puerta de entrada a nuestra atmósfera. No hace mucho, la capa de ozono filtraba los rayos ultravioletas, que en la actualidad atraviesan, a causa de una disminución de su espesor.

Estas radiaciones, también son nocivas a nivel ocular, los rayos infrarrojos pueden provocar el enrojecimiento de la piel del párpado, hinchazón o edema. La piel del párpado es muy delgada, y es la zona más sensible de todo el organismo, de modo que cualquier pequeño traumatismo puede provocar una herida.

Otro asiduo visitante de las playas es el viento que no viene solo. Millones de partículas de arena se movilizan en cada ráfaga, y si entran en los ojos, no hay que frotarlos, ya que se pueden lesionar tejidos blandos. Lo ideal es lavarse los ojos con abundante agua potable, hasta que se elimine.

El mar es otro de los enemigos potenciales. Sus altos índices de salinidad pueden provocar irritación, por eso hay que evitar, cuando uno se zambulle, y sobre todo si es contra las olas, hacerlo con los ojos abiertos.

Si tenemos en cuenta los posibles riesgos, y tomamos las medidas necesarias para evitar los sobresaltos disfrutaremos de la playa y pasaremos unas vacaciones tranquilas.

El cuidado de los ojos es muy importante y por ello, no debemos descuidarlos durante las vacaciones. Son estas fechas en las que se dejan de lado los cuidados personales. Mientras disfrutamos de sol y la playa de algún destino paradisíaco como la isla de Ibiza, no debemos olvidarnos de beber mucha agua, usar protección solar y una gafas adecuadas para el sol.