En ocasiones olvidamos que el sol nos está afectando. Uno generalmente va a una playa, se sienta y se pone a leer. Pero a veces el sol está de frente y quizás al levantar la vista pueda recibir directamente el impacto de los rayos.

Cuando esto ocurre suele verse una imagen interna del sol, aún después de apartar la vista. Eso sucede porque ha sido una luz muy intensa que impactó en la mácula, la zona sensible de la retina.

Generalmente se borra en segundos, pero si uno se expone muy seguido, puede tener consecuencias más serias, como una fotocoagulación. El sol destruye células que están en la retina, a través de un mecanismo de coagulación.

Los rayos infrarrojos transforman las proteínas que tienen las células y las coagulan, destruyéndolas. Además del sol, hay que tener cuidado con los productos que utilizamos para protegernos de él.

Los protectores que se utilizan en el rostro tienen componentes nocivos para las mucosas oculares, de manera que se debe evitar que entre en contacto con los ojos.

Una de las precauciones para evitar daños en la vista es usar gafas de sol. Sin embargo no basta con que sean oscuras, deben tener filtro para los rayos ultravioletas.

Cuando el ambiente es oscuro la pupila se dilata, es como el diafragma de una cámara fotográfica; se necesita abrirlo más cuando hay poca luz y cerrarlo cuando hay mucha luz.

De modo que al usar gafas para el sol la pupila está más abierta, porque está en un ambiente oscuro. Entonces, si no hay protección UV, entran aún más rayos ultravioletas que si no usáramos las gafas.