La vitamina B5 o ácido pantoténico procede del griego, y significa “en todas partes”, pues está presente en la mayor parte de los alimentos, aunque se encuentra mayormente en los de origen animal, por eso los vegetarianos estrictos tienen mayor riesgo de padecer su carencia.

Su falta puede disminuir las defensas ante las infecciones, producir hemorragias, mareos y debilidad, caída del cabello, canas prematuras, uñas quebradizas, etc.

Es hidrosoluble, lo que significa que se elimina con los líquidos corporales, por lo que no se corre el riesgo de acumulación, no se deteriora con la cocción, y a través de una serie de procesos químicos se transforma en coenzima A constituyente de muchos procesos enzimáticos.

Es beneficiosa para sintetizar el hierro, produce anticuerpos, participa en la creación de insulina, alivia la artritis, como así también la úlcera estomacal y la gastritis, disminuye el dolor de cabeza, alivia algunas enfermedades de la piel y reduce el colesterol en la sangre.

La mayor proporción del ácido pantoténico se encuentra en las vísceras, hígado, carnes blancas y huevos; también en hongos, legumbres, patatas, cereales integrales, tomates, levaduras y brócoli.

Según el Departamento de Nutrición del Instituto de Medicina y Agricultura de Estados Unidos, las dosis recomendadas desde los catorce años en adelante, excepto embarazadas y niños menores de la edad mencionada es de cinco miligramos al día.

145 gramos de pavo o pollo cocido, tienen 3,5 y 4,7 mg respectivamente; 100 gr de hígado cocido, 6,9 mg; un huevo grande crudo o cocido entre 71 y 69 mg.

Entre los alimentos vegetales los cereales integrales son los que contienen más ácido pantoténico, con 10,8 mg, cada 30 gr; le siguen los hongos cocidos sin sal con 5,2 mg cada 145 gr; mientras que el resto va desde los 1,4 mg de cada 150 gr de patata cocida, a los 0,40 mg de los 240 gr de tomate maduro.