El agua es esencial para la vida, el recién nacido tiene un 75% en su cuerpo, que disminuye hasta el 60% en la edad madura. El mayor porcentaje está dentro de las células y el resto se mueve en la sangre e impregna los tejidos.

Los riñones son los encargados de eliminar las substancias tóxicas que produce el metabolismo, entre otras el calcio, cuya acumulación provoca los dolorosos cálculos renales.

Además, aunque no nos demos cuenta, el cuerpo suda aún en invierno, perdiendo casi un litro de agua diarios, siendo mayor cuando hacemos algún esfuerzo o hace mucho calor. Ese líquido exudado, cuando se evapora, se lleva el calor, controlando la temperatura corporal.

Con un 90% de agua, la sangre en su recorrido  distribuye oxígeno y nutrientes. Este vital elemento también humedece los ojos, la lengua, las mucosas y lubrica las articulaciones.

También necesitamos agua para digerir y expulsar los alimentos, para que se produzcan dentro del tubo digestivo y en los intestinos los movimientos de los músculos que permiten arrojar las heces.

Y por último, la falta de hidratación se refleja en la piel, con la temida aparición prematura de arrugas y flaccidez. Para evitar o retardar el envejecimiento desde el interior y mantener sano nuestro cuerpo, no hay otra receta que beber agua en abundancia.

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