Aunque tiene mala fama su presencia en cantidades normales es necesaria. Es un lípido o grasa que participa en la producción de hormonas, protege los nervios, forma tejidos celulares e interviene en los procesos digestivos.

Lo produce el hígado, y normalmente las causas del aumento de esta sustancia son, la mala alimentación, el sedentarismo, el cigarrillo y el sobrepeso. Los niveles altos de colesterol son perjudiciales sobre todo para el corazón, pudiendo producir infarto o embolia.

Su acumulación en las arterias desemboca en el endurecimiento y estrechamiento de éstas (arterioesclerosis), formando coágulos que pueden llegar a bloquear el paso de la sangre.

Los triglicéridos son otro tipo de grasa presente en el organismo, cuyo efecto benéfico consiste en llevar energía a las células de los músculos; circulan por el torrente sanguíneo, y su relación con el colesterol hace que el aumento de ambos deba controlarse estrictamente.

Para ello nada mejor que comer pescados, pollo y aceites vegetales; como también alimentos ricos en fibra como el arroz, los cereales, las legumbres y las pastas, y moderar el uso del café, el té y las bebidas azucaradas.

Suprimir las carnes rojas, fiambres, mantequilla, cerdo y quesos grasos. Los que tienen demasiadas calorías y azúcar, chocolate, patés y bollería. También los crustáceos (cangrejos y langostas), las especias y la sal, las conservas y sobre todo la yema de huevo.

Si lo haces estrictamente, en poco tiempo volverás a valores normales, aunque deberás cambiar tus hábitos alimenticios para mantener alejado a ese enemigo tan peligroso. Además notarás en tu piel los beneficios del cambio.