De nada sirve comprarte las sandalias más seductoras del verano si no luces unos pies perfectos, o casi. Aunque cada vez son más las mujeres que cuidan sus pies durante todo el año, lo cierto es que también siguen siendo muchas las que todavía contemplan la pedicura como un ritual reservado para el verano.

Médicamente hablando, los pies cumplen una función esencial en el organismo; soportan el peso, pero a la vez mantienen una estrecha relación con la totalidad del cuerpo a través de los puntos reflejos. Por eso, que estén sanos es el paso previo a cualquier tratamiento estético.

Los especialistas recomiendan visitar al podólogo una vez al año para revisar posibles daños, presentes o futuros. Lo siguiente es hacerse regularmente una pedicura para limpiarlos de la acumulación de células muertas que, a la larga, puede llegar a convertirse en una dureza crónica.

Una buena hidratación es el segundo paso. Extiende la aplicación de la crema del cuerpo a los pies, todos los días, prestando especial atención a los talones y a la zona plantar. El cambio será espectacular.

Puedes completar los cuidados con un masaje de reflexología podal. Esta técnica milenaria se realiza a través de presiones en la planta del pie, que guardan conexión con los órganos internos y están relacionados entre sí por medio del sistema nervioso.

Háztelo tu misma por la noche, antes de acostarte y, además de ayudar a liberar las tensiones del día, dormirás a pierna suelta. La sesión de cuidados se completa con un suave masaje ascendente, hasta la rodilla, con una crema nutritiva o un aceite corporal.