Es una infusión que no puede faltar en la vida cotidiana de los chinos, y tiene una larga tradición de cuatro mil años. En un principio se lo utilizaba como medicamento, luego como alimento, después se lo trituró para preparar con agua caliente, hasta que en la dinastía Tang se comenzó a preparar como en la actualidad.

El té negro aporta cafeína presente en todas las variedades, aunque algunas tienen más que otras. También teofilina, en cantidades reducidas, que tiene efecto broncodilatador, beneficioso para los asmáticos.

En China se lo utiliza para las inflamaciones del hígado, colon, estómago e intestinos. Previene las caries, reduce la tensión arterial, combate las infecciones y fortalece los vasos capilares.

También contiene tanino, que tiene propiedades antiinflamatorias y astringentes, eficaces para tratar la diarrea, ya que aumenta su concentración cuando se lo deja en reposo.

El doctor Mikjail A. Bokuchava del Instituto de Bioquímica Bakh de Moscú, informó que el té en los pacientes rusos, redujo la hipertensión, alivió dolores de cabeza fortaleciendo los vasos sanguíneos, y previno la trombosis.

Entre sus muchos componentes beneficiosos, también figura el ácido gálico, que es anticancerígeno y antioxidante.

No se aconseja tomar el té hirviendo; los que saben de esta preparación, que además de los chinos han adoptado los ingleses, recomiendan no pasar de los 95º, para que no se pierdan sus propiedades, además de dañar las paredes del esófago.