La crisis de angustia se caracteriza por la aparición de una súbita y fuerte sensación de miedo, asociada a una serie de síntomas que ocasionan un intenso malestar general, que normalmente presenta corta duración.

Es un trastorno frecuente, que lo padece el 20 ó 30% de la población, en algún momento de la vida. Es un síntoma de la época actual, provocado por la incertidumbre y la inestabilidad en los diferentes planos y aspectos de la existencia humana.

Durante la crisis y ante el miedo, el cuerpo reacciona con palpitaciones, taquicardia, sudoración, sensación de falta de aire al respirar, dolor en el pecho, mareos, hormigueo, temblor, sofocos, náuseas y dolor en el estómago. También surgen otros síntomas típicos como miedo a perder el control, miedo a volverse loco o incluso miedo a morir.

La crisis de angustia puede presentarse en forma aislada o conjuntamente con otro tipo de trastornos como ansiedad, fobias, ataque de pánico o adicciones. En la mayoría de los casos, el trastorno de angustia se acompaña de agorafobia, que es el miedo a permanecer en lugares públicos con gente, como medios de transporte o centros comerciales.

Cuando la persona siente que padecerá una crisis de angustia es recomendable que tenga presente que, aunque los sentimientos son muy atemorizadores, no son peligrosos ni dañinos. Comprender que lo que está experimentando es solo una exageración de sus reacciones corporales normales ante el estrés.

Permanecer en el presente y no aumentar el pánico pensando en lo que podría pasar. No dejarse llevar por la angustia y tener presente que si se detienen los sentimientos de temor, el miedo comienza a ceder.

Si estos problemas persisten es aconsejable recurrir a un terapeuta que podrá modificar aquellos pensamientos que originan su angustia.