La ansiedad se define como una tensión constante y una excesiva preocupación por las situaciones cotidianas y respecto al futuro; a diferencia de la angustia, éste es un proceso acumulativo y creciente en el tiempo. La vida agitada, las preocupaciones económicas, las exigencias laborales y los problemas sociales y familiares, pueden desencadenarla.

La mayoría de las veces se manifiesta como una sensación de insatisfacción, agitación e inseguridad; síntomas que generalmente no tienen causa aparente y que se dividen en dos clases.

Ansiedad depresiva, cuando se asocia a cansancio, desinterés o ganas de llorar sin motivo aparente.

Ansiedad hiperactiva, cuando se acompaña de agitación y actividad frenética.

Frecuentemente este estado se relaciona con síntomas psicosomáticos o sensaciones físicas, como taquicardia, sudoración, dolor en el pecho, colitis disturbios respiratorios y el conocido nudo en la garganta. También puede provocar insomnio, dificultad para concentrarse, desinterés sexual y cansancio.

En general las crisis de ansiedad aparecen luego de un período de grandes tensiones emotivas, problemas graves, cansancio físico o mental o por situaciones sin resolver.

Es fundamental que la persona que la padece descarte la posibilidad de cualquier enfermedad de carácter orgánico, mediante la realización de análisis adecuados. Si se determina que el origen es psicológico visitar a un terapeuta puede ser de gran ayuda para detectar los síntomas de la ansiedad.

Mientras tanto la amapola resulta efectiva para disminuirla. Realizar una infusión con media cucharadita de pétalos de la planta, por taza de agua y beber un par de vasos al día.

La avena también es útil para combatir la ansiedad; hervir tres cucharadas de avena en ¼ litro de agua. Dejar enfriar, y beber una taza antes de cada comida.

El espino blanco es ideal para estos casos. Beber una infusión diaria de una cucharada de flores secas por taza de agua.