Esta infaltable prenda presente en todos los armarios tanto masculinos como femeninos, comenzó su andadura en los albores del siglo XIX, y no como la conocemos ahora.

En sus principios se usaba como ropa interior, sin botones, sólo con el objetivo de tapar el cuerpo antes de colocar la casaca. Con las transformaciones de las prendas militares, que se fueron acortando hasta llegar al actual saco o americana, las camisas comenzaron a tener protagonismo, y se fueron agregando botones, puños y cuellos.

Ahora es una prenda de vestir de uso cotidiano, con distintos tipos de telas como el algodón, la seda, el lino y también las fibras sintéticas. Gloria Torres, especialista en moda, asegura, “Para esta temporada de calor, se imponen los tejidos frescos, sobre todo los algodones, si son egipcios mejor, así como los diseños en lino, que gracias a nuevos tratamientos ya no se arrugan tanto”.

Y agrega, “Un buen guardarropa debe tener dos o tres blancas, dos azules y dos en tono pastel, si se atreve, una en rosa o lila. A partir de allí, la oferta es muy variada y se ven desde opciones en azul cielo hasta tonos encendidos, como morado y naranja”.

En lo que se refiere a la diversidad, las hay para todos los gustos, con rayas, cuadros, con flores, artísticas o pintadas; pero la blanca sigue siendo la más elegante, queda bien siempre, tanto con un vaquero como con un traje para la noche.

También ha tenido connotaciones políticas y sociales, a los que seguían a Garibaldi, los llamaban “camisas rojas”, mientras que los fascistas eran conocidos como “camisas negras”.