Después de un verano de picnics en la playa, aperitivos a cualquier hora y relajación hasta en la comida, no hay nada más recomendable que poner orden y recuperar el equilibrio de nuestra flora intestinal.

Cuidarla depende directamente de los alimentos que comemos y de cómo los preparamos. Con ello ganaremos vitalidad, regularemos nuestro intestino y mejoraremos nuestras defensas para emprender la vuelta a la rutina con la salud restablecida.

Evita el uso excesivo de hierbas aromáticas, especialmente frescas, y condimentos muy especiados; si optas por las frituras evita reutilizar el aceite, y elige el de oliva; procura no consumir alimentos quemados o parcialmente quemados, y asegúrate de que las carnes queden cocidas también en su interior.

Incluye en tu cocina salvado de avena; su textura crujiente y su sabor, que recuerda al de las nueces, lo convierten en un ingrediente perfecto para enriquecer postres e incluso para acompañar el yogur. Su alto contenido en fibra soluble cuidará de tu flora intestinal.

Los yogures de soja lo tienen todo, son vegetales, prebióticos, sin lactosa ni colesterol, y tan versátiles y ricos como los yogures de leche. Con ellos podrás preparar desde salsas saladas a helados, macedonias y postres de frutas.

Las semillas de lino están recubiertas de una cutícula, que al hidratarse forma un gel viscoso, son un excelente alimento prebiótico, y resultan deliciosas en ensaladas, bollería y panes.