La nutrición es un factor clave en la salud y en la prevención del cáncer. Por este motivo una alimentación adecuada puede ayudar a evitar su desarrollo; especialmente en algunos casos, como ocurre con el cáncer de colon, que afecta a la mucosa del intestino grueso y, respecto al que se ha comprobado que los malos hábitos dietéticos son un factor de riesgo muy vinculado a su posible aparición.

Diversos estudios han demostrado que las poblaciones que suelen incluir en su dieta una alta ingesta de calcio, como ocurre en Suecia, tienen una menor incidencia de cáncer colorrectal. El calcio controla la multiplicación de las células epiteliales que recubren el colon.

Cuando estas células proliferan a un ritmo acelerado, aumenta el riesgo de cáncer. Este mineral también se une a las toxinas que producen los ácidos biliares y evita que irriten las paredes del colon. La leche y sus derivados son las principales fuentes de calcio.

En menor proporción también se encuentra presente en alimentos vegetales; sésamo, melaza negra, frutos secos, soja y legumbres en general. Los pescados de los que se comen las espinas tales como sardinas en lata, boquerones, etc., también son ricos en calcio.

La vitamina C bloquea la formación de nitrosaminas en el estómago, unas sustancias carcinógenas que se forman a partir de nitratos y nitritos. Esta vitamina también estimula el sistema inmune. Las fresas, el kiwi y los cítricos son algunas de las principales fuentes naturales de esta vitamina. La cantidad diaria recomendada se puede obtener tomando un par de naranjas.

La vitamina D suprime la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan el crecimiento de tumores. Las tasas de cáncer de mama, próstata y colon son más bajas en los climas que tienen más luz solar. El cuerpo la fabrica a partir de la exposición al sol, para lo cual sólo se necesitan entre cinco y diez minutos.