Muchas especies vegetales han sido usadas desde la antigüedad en productos cosméticos y dermatológicos, pero hace poco tiempo dos de ellas, con especiales propiedades terapéuticas, se han incorporado a la larga lista.

Me refiero a la rosa mosqueta y al aloe vera, de las que existen varias especies. La primera es un arbusto de donde se extrae un líquido oleaginoso color ámbar que regenera la piel, hidrata, cicatriza, previene las estrías y combate las arrugas.

El aloe vera es originario de África, y su nombre proviene del árabe y el latín, “alloeh”, que significa “la sustancia amarga y brillante”, y “vera”, que significa verdadera. Hasta el siglo XIX se lo llamaba acíbar.

Su uso es recomendado para calmar la picazón, el enrojecimiento de la piel, sobre todo después de haberse expuesto al sol, y alivia las zonas que han sido depiladas, cerrando rápidamente los poros dilatados.

Estos productos se venden en cremas, lociones y sprays, son comercializados por muchas marcas de cosmética, pero lo mejor es asesorarse con profesionales en centros especializados o farmacias, para asegurarse su pureza.

En la segunda  guerra mundial se usaba el aloe vera para tratar las quemaduras que habían sufrido los afectados por las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.