Por distintos motivos históricos, muchos pueblos deben retraerse en sí mismos y buscar en su seno las respuestas a sus problemas. Esto pasa tanto en ámbitos productivos como culturales y específicamente médicos.

Un ejemplo puede ser el de los japoneses luego de la Segunda Guerra Mundial. Ante su imposibilidad de importar medicamentos, se reencontraron con sus tradiciones más ancestrales que mucho tienen que ver con los legados que hace 5.000 años comenzaron a dejar los chinos.

Otro caso más reciente es el del bloqueo a Cuba. Allí también se trata de captar la sabiduría de los curanderos y someten a un análisis científico las ventajas de las distintas hierbas medicinales.

A su vez, se practica también la medicina tradicional china y se la somete a prueba en hospitales dedicados a la medicina tradicional y natural.

Una técnica que toma elementos de occidente en el marco de la medicina hindú, es el masaje bioenergético. Una rama de la psicología descubrió que los problemas emocionales y mentales crean bloqueos energéticos.

Y que para volver a una situación de estabilidad, se debía efectuar presiones en el cuerpo. Esta terapia estimula zonas casi coincidentes con los chakras hindúes, acumuladores de energía, que excitan a los distintos órganos del cuerpo.

Las técnicas más comunes de masajes son las de presión con los dedos pulgares, estiramiento, fricción, percusión con los nudillos, rotación, pellizcos, amasamiento, rozamiento con la palma de la mano y frotación. En todos los casos se debe favorecer la corriente sanguínea venosa que vuelve al corazón.

Siguiendo los preceptos de la acupuntura, se aplica el masaje en las zonas más sensibles del cuerpo, como la planta de los pies, la palma de las manos y las orejas. El estímulo de esas zonas logra la reversión de determinados procesos en otras partes del organismo.