Así como una alimentación correcta influye positiva o negativamente en órganos como el estómago, el hígado o los riñones, el funcionamiento de los ojos también se ve afectado por nuestra dieta.

Los azúcares y los alimentos refinados son de consumo habitual en las dietas de todos los países occidentales. Este hábito ha causado un incremento notable de las enfermedades relacionadas con el metabolismo de los azúcares, como la diabetes, que afecta la vista.

Un consumo excesivo de grasas animales puede provocar endurecimiento de las arterias lo que, a su vez, impide la correcta circulación de la sangre por el cuerpo, ojos incluidos.

Limitar el consumo de grasas saturadas, especialmente de origen animal contenidas en la carne, embutidos, huevos y mantequilla, inclinándonos, en cambio, por las grasas no saturadas, puede ser una buena medida para la salud de los ojos.

Lo más importante es no excederse en las comidas; piensa que si los órganos de la digestión y el metabolismo se cansan, los ojos también se resienten. La sangre, excesivamente viscosa, circulará de manera más lenta y centrará su atención sobre todo en el aparato digestivo.

El resultado es una escasa oxigenación de otras partes del cuerpo. Es importante, también, moderar el consumo de café, nicotina y alcohol.